jueves, 10 de noviembre de 2016

Incendio



Apuraba el cigarro al máximo, por las ganas de respirar todo lo nunca llegó con el fuego. En sus encías agujeros, en sus pulmones tumores de todo lo que no pudo absorber el suelo. Sus pupilas teñidas de un aire rojizo, sus carnes en trizas y jirones resentidos. Quiso quemar el fuego y sólo encontró más incendios. Quiso volver a ser agua y sólo encontró más fuego, más fuego, llamas, brasas, cenizas de lo que fueron.

El tiempo, huella imborrable que va por dentro, calada a calada, cala en el cuerpo, “no soy yo, es este daño que me va consumiendo”:  vía de suero, respira, aún estás a tiempo. Tiempo, tiempo, tiempo, huella imborrable que va latiendo. Estampa que graba las brasas en el cuerpo. Cala, cala, cala, calada a calada, momento a momento. Y hay tiempo. Grita el cuerpo.

Sus ojos incendios, aguas enturbiadas, humo de tantas caladas, densidad en las manos. No supo volver a coger los milagros, ni los dados que le pusieron en sus brazos, no supo recordar ni olvidar ni ver ni ser. Algo le gritaba que encontrara sus porqués. Otro pie, otra mirada para entender, otra fase acumulada, incendiada para resucitar al presente de una vez.

Enterró ese collar, esas piedras, las dos caras de la luna, el tiempo en ayunas, las culpas, el abandono, los sollozos de la infancia, cada palabra acumulada que sólo hizo daño, las vueltas en vano, y la ausencia. Todo lo puso en su casa de madera, y provocó el incendio. Fuego, fuego, más fuego, el fuego arrasó con el fuego. Ya no hay más vida que quema. La vida ardió y encontró la manera de alimentar la llama que enciende de nuevo el tiempo.


sábado, 6 de agosto de 2016

Por eso ahora ya vivo


Göttin Kali
Peter Engelhardt


A flor de piel siento tanto el ruido como la calma. Despacio me acostumbro a estos tonos ocres que me llevan balanceando desde hace años por los contrastes de este corazón y esta mente que ordena en estantes el desorden de mi vacío y plenitud. 

Y la luz, me abraza desde pequeña. No sé cuál es mi esencia, pero si provengo de la raíz de todo será magia. Será blanco o quizás dorado, como me dijo sobre el aura esa alma enferma de captar tanto a su alrededor y que murió por tanto dado. Así quizás acabaré yo, quién sabe, qué se yo.. Los años me trajeron el dolor y la fortaleza de sentir, aunque duela, y aunque a veces se me congelan las ganas y el cansancio vuelve por el paso de los años.. Siempre seguiré dando y perdiendo, como tierra eterna que absorbe todo lo malo y lo bueno. Lo cogeré todo para devolverlo con otro suelo, con otro viento y otras manos. Viviré sola para no estorbar y para que no me estorben. Soy joven pero desde niña ya supe que la soledad era mi molde, mi norte, pero nunca olvidé que las personas le dan sentido a mi mundo, así que bajaré de vez en cuando al cúmulo y volveré a recargarme en la montaña, en una casa de madera, con mi hombre, mis niños y mis perros por las sendas de este desierto en el que crece selva, pero siempre tendré en cuenta el asfalto, pues si he venido no es para olvidarme del mundo ni de sus contratos; lo viviré en todos sus contrastes. Porque soy el coño madre, soy mujer, soy amor, y el odio no va a quitarme la razón, de mi nacerá todo lo bueno que pueda, y la mierda la absorberé aunque a veces se vierta. 

Soy un alma y soy humana. La dualidad ya la integro en mi alma. No me siento separada ni del cielo ni del suelo, ni de los crudos ronroneos ni de los fértiles besos, aunque sí que con amor transformo todo lo que puedo, porque con él caen los velos. Con el paso del tiempo me contemplo en las puertas de todo lo que integro, todo lo llevo dentro, y la verdad va marcando la brújula de mi cuerpo, de mi vida y de sus misterios perfectos. Ya lo abracé todo. Por eso ahora ya vivo.


martes, 15 de marzo de 2016

Gritos y silencios


no me mires
no me huyas
me abrazaría al abrazo
me abandonaría del mundo




tengo ganas de vivir pero no puedo
y cuando quiero, vuelvo a volver a perderlo




no temas me dijo
y le temí desde que lo hizo




puedo ofrecerte mucho
pero también puedo quitarte demasiado




por ponerle a la vida, le quité todo (el encanto)





soy un laberinto de ríos que no encuentran su mar
aunque supieron como desembocar en el océano





esa es mi gran paradoja, el cansarme de no sentir todo lo que siento

quizás por querer enjaular mis sentimientos, por intensos y desmedidos me volví una presencia ausente y llena de gritos de silencio




y ojalá que mis palabras no se vayan..




obligándome a que fuera más "normal" sólo consiguieron aumentar mi locura. y no hay quietud, los grilletes no aflojan, a la pata coja me cansé de andar




no soy nada terrestre
por eso vivir me resulta tan complicado a veces




y buscando la libertad la encontré dentro, pero como sentir la paz
cuando vivo en un mundo violento, por fuera, y en mis adentros




y siento que mi alma va a caer y no va a volver en un rincón profundo de esta cama. y mi almohada me arropa, sujeta esta cabeza tan perdida y loca, tan encontrada y tan huida. 




sé dónde nací pero no dónde pertenecí
como luna que se sabe en medio de la inmensidad
iluminando algún lugar en la oscuridad de la noche




no soy de nadie. ni de mi misma




Gracias

por todas las grietas en mi coraza

por tener los talones agrietados de andar descalza

por los sarpullidos que me salieron cuando no pude aceptar

por los anillos que dejé encima de la mesa, del baño y en las cenas

por las tardes que me hicieron irme a casa con un fuego en las entrañas

por los abrazos bien dados que me recordaron que existe la fe

por las mentiras que me hicieron redirigir mi camino

por las verdades que me llevaron a recuperar el vacío

por las ventanas salpicadas de lluvia

por las llaves que nunca llegué a hacer

por las piedras escondidas debajo de la cama

por los golpes que me hicieron despertar

por el hijo que nunca llegué a tener

por las ovejas que salvé

por el vino caído encima de la cama

por todo lo que nunca pude hacer y no lo olvidé

por aquél día que no morí

por cada día que decidí vivir

por las luces que alumbran mi paisaje

por el ruido que algún día echaré de menos

por la montaña dónde poder tender los sueños

por recordar la voz de mis abuelos

por poder oler los recuerdos

por sincerarme cada vez

por hacer doler la realidad

por la piedra que enterré en ese lugar

por el no regresar y por el encontrar

por el irme y por no poder estar

por quedarme contigo vida

por querer dármelo todo


lunes, 22 de febrero de 2016

Virginia, Alejandra


Ay virginia, ay alejandra. estas amadas sin rostro que me acompañan. Estos cuerpos que se fueron pero que dejaron su alma. Se quitaron la vida sin saber que la dan cada vez que alguien toca ese lugar que dejaron en forma de palabras eternas.

Ay virginia, ay alejandra. estas amadas que supieron de la muerte, estas desamparadas que tocaron la vida desde tan cerca. Que se fueron y decidieron abandonar estas incertezas, que se quedaron para siempre en esta vida que alimentan con sus letras.

No os conozco y por vosotras lloro, porque entro dentro de vuestros rostros y os reconozco. os abrazo en cada folio encontrado, os abrazo en cada nada sentenciada. Os amo por todo el amor que disteis, os amo porque os encontrasteis y con ello os perdisteis, pero siempre fuisteis eternas.

Os recuerdo como si os conociera, como si pudiera tocar esas manos llenas de vida aunque la llamarais muerte, porque cuando corristeis tras ella, no sabíais que habíais dejado una vida inmensa en cada gesto de vuestros dedos y de vuestras almas intensas e infinitas.

Ella y sus dos ojos. La vida, la muerte


Flotar por mares inciertos le provocaba el desliz de sus dominios. Era piedra encima de una ladera dónde caer silenciosamente desde lo más alto hacia el vacío. Ella era el ruido. Ella era el silencio. Ambos la desgarraban a sentir sus extremos pretenciosos, lascivos, dolorosos y perturbados.

Aun así ella amaba su coraje. Amaba sus ojos lagrimosos transformados. Tenía un ojo roto y otro de fuerza. Ella subía y bajaba como un relámpago en noches secas. Ella observaba al mundo con odio y con todo el amor de su corazón. Porque los dos siempre fueron juntos.

Siempre quiso amar aquello que no se podía salvar. Aquello que dolía y penetraba en las latitudes de las almohadas, de los coches, de las calles tapiadas. Ella vivió congelada por una estación eterna de la nada, dónde a veces saltaba al vacío para encontrar el infinito que veía en sus dos ojos. Ellos la salvaron de tantos pensamientos suicidados, de tanta infinidad trastocada. Porque ya no sabía qué eran sus pies, sólo observaba unas manos que dibujaban una línea dónde le respondía cuando moriría.

La muerte. Silencioso placer que nacía de su vientre. Que la arañaba y la abrazaba. Obsesionada desde pequeña por travesar sus venas tan imperceptibles e intensas. Esas que la obligaban a vivir. Gran fuerza la de sus manos aunque su corazón estuviera cansado. 24 años se repetía. Y ya estoy tan cansada de la vida. Pero un foco a veces tocaba su rostro y ella sonreía.

Ella siempre vio a la muerte con su ojo derecho y el izquierdo la empujaba a correr detrás del viento.


miércoles, 13 de enero de 2016

Veo..

...un mundo de apariencias,
mundo de máscaras e imágenes
cual sea su forma.


desde caras macabras
que esconden un corazón roto

desde hombros caídos que superaron
y que luchan por todo

desde ojos odiosos que
sufrieron lo que no está escrito
y supieron amar aún y sus cicatrices

desde rostros sonrientes
que machacan entre sus dientes
la verdad de no ser felices

desde seres iluminados
que se creen superiores
e inferiores son por su falta
de humanidad y humildad

desde seres terrenales
que dan luz a la oscuridad
sin tener que llamarlo espiritualidad

desde hombres libres
que lo fingen para alimentarse
de tu esclavitud

desde hombres esclavos
que saben sobre la vida
mucho más que tú

veo, veo, qué ves?


un mundo de apariencias,
mundo de máscaras e imágenes
que aguardan y se rompen
tras su forma.